Disfrutar las Navidades: claves para que no te desborden las fiestas..

 

Vivir la Navidad con alegría pasa por conectar con nuestra necesidades y nuestro niño interior.

Vivir la Navidad con alegría pasa por conectar con nuestra necesidades y nuestro niño interior.

 

No deja de sorprenderme como cada vez que llegan las Navidades, mucha de la gente que conozco a mí alrededor se contagia del  “síndrome del abominable espíritu navideño”.  Es algo así como si alienígenas procedentes de un planeta llamado “Demandas externas” les abdujeran y les inocularan un virus cuyos efectos son un constante frenesí que hace que estas fechas  les resulten de lo más complicadas de gestionar. La sintomatología suele ser variable, pero seguro que reconoces alguna de sus conductas:

–          la repentina necesidad de ver a “todo el mundo”. Incluso a esas personas que no han “tenido tiempo” de llamar en todo el año. Bueno, sobre todo a esas, no vayan a pensar que las “tienen abandonadas”.

–          La irrefrenable deseo de gastar compulsivamente comprando comida que no necesitan y pagar por ella el doble de precio.

–          El tener que ponerse la careta de “persona feliz y conciliadora” porque son fiestas y hay que perdonar y estar a bien con todo el mundo.

–          El sentirse de pronto generoso y solidario, haciendo donaciones puntales a causas benéficas varias, pero obviando que el año tiene 365 días y la solidaridad no se mide sólo en dinero, sino en actitudes y gestos para los que nos rodean en lo cotidiano.

–          La necesidad de comprar y regalar objetos y juguetes a personas y niños saturados por lo general de objetos y regalos. Tanto es así que en muchas ocasiones, los receptores,  donan de antemano lo que les sobra para hacer espacio a esa nueva tanda de objetos superfluos e innecesarios que se avecina.

–          La necesidad de pensar que uno debe sentirse alegre y de buen ánimo, para los demás, para los niños, porque es Navidad….pero nunca para uno mismo y porque es hoy, cualquier día y cualquier día tenemos derecho a ser felices y sentirnos y bien. Olvidando también que igual que tenemos derechos,  tenemos también la obligación de pelear para conseguir ese bienestar anhelado.

–          La necesidad de que las Navidades tengan un formato externo determinado y estandarizado: adornos, luces, acontecimientos…sin prestar apenas atención al formato interno que necesitamos para sentirnos en armonía con los que nos rodean y en paz con el mundo y con nosotros mismos.

 

¿Te suenan alguno de estos síntomas? ¿No?

 

Si estás libre de él, ENHORABUENA, porque es un virus bastante contagioso. Algo así como la gripe, que regresa cada invierno con una nueva mutación que la hace más resistente.

 

Por mi parte,  confieso que lo he sufrido muchas Navidades y me he comportado de esa forma incoherente y alienada en bastante ocasiones. Y se sufre, se sufre mucho. Porque te hace sentir una persona infeliz e insatisfecha, agobiada por todas las cosas que sientes que “necesitas hacer”- Al menos yo, me sentía apresada en la interminable lista de demandas y exigencias que yo misma me ponía para que todo estuviera “a la altura de mis expectativas”: la casa  limpia y bien decorada, la cena sofisticada y bien presentada, todo bien organizado, yo de peluquería, bien vestida y delgada, que no faltasen las tarjetas de felicitación, los regalos… Y por si fuera poco, tocaba también el esfuerzo de “amnistiar” a mucha gente aunque no les tragara. ¿O iba a ser tan mala persona de llevarme mal con ellos y no perdonar cuanto me hubieran hecho siendo Navidad?

 

Por eso,  por si eres de los que como yo, has tenido o tienes estos síntomas o conoces a alguien que los tiene,  aquí te comparto con humildad mis aprendizajes. Espero que te sirvan para dejar de sentirte “obligado/a” por los estereotipos de la Navidad  y a cambio  te ayudan a empezar a disfrutar de forma más real y profunda de estas fechas.

1-      Pon límites a la invasión de demandas externas; aprende a decir NO: no a todas las tareas extras que te caen sin apoyo y sin ayuda sólo porque por ser Navidad “hay que hacer así las cosas” . Di NO a estar invadidos de obligaciones y vacíos de placer.

2-       Niégate a correr para estar con todos y no estar con nadie: olvídate de la exigencia de agradar y estar “porque toca estar”. Empieza a cambio a pensar en cómo estar tú mejor contigo mismo/a y quienes son las personas con quien quieres estar de verdad. Y ponles fecha en tu calendario; ahora o en Enero.

3-      Y si a quien quieres de verdad, no está a tu lado por la razón que sea…: aprende que las personas tenemos la capacidad de albergar al mismo tiempo felicidad y tristeza. Tenemos la posibilidad de ser contradictorios; de sentirnos  felices en una parte de nosotros mismos valorando lo que tenemos y a la vez sentirnos tristes en otra parte de nosotros: la vida son alegrías, ganancias…y también pérdidas y tristezas. En la vida, lo alegre y lo triste bailan juntos, conviven. ¿ Por qué no pueden hacerlo en nuestro interior?

4-       No finjas alegría si no eres capaz de sentirla, pero tampoco hagas de tu tristeza un estandarte: el dolor también forma parte de la vida. Pero no esperes que lo externo sea ideal para ser feliz, empieza a ser feliz con lo que hay. Sentirse bien es un derecho y como tal, conlleva obligaciones. Sé valiente y busca en los delicados pliegues de la vida motivos para tu bienestar y tu alegría.

5-      Recuerda que tú también tienes ilusiones y necesidades dentro de ti:  atrévete a conectar con ellas y darles su espacio. No todo tiene que ser para y por los demás. Lo primero eres tu: tu eres quien necesita llenarse de cariño, alegría, ternura e ilusión ante la vida. Sólo así podrás darlo a los demás.

6-      Conecta con la magia y la belleza profunda de los valores de la Navidad:  Puede que creas o no creas en el nacimiento de Cristo, pero los seres humanos tenemos unos valores comunes que coinciden en el fondo con los de la fe cristiana, aunque se expresen en diferente forma. Repasa qué significan para ti temas como la alegría, la espiritualidad, el compromiso, la generosidad, la bondad, el desprendimiento. Empieza a traerlos a tu vida y llénala de sentido si quiere sentirte realizado y feliz.

7-      Olvídate en lo posible de lo material…y regala a la gente la maravilla de saber por qué son valiosos para ti e importantes en tu vida. Puedes simplemente darles las gracias con una carta personal en vez de tantos whatsaps y videos standarizados e impersonales. Ni te imaginas lo que impresiona que alguien te diga lo que te quiere y por qué te quiere.  

8-      Recurre al humor  y enfócate en lo positivo …para sobrellevar algunas situaciones surrealistas que se producen en las reuniones familiares.  Si te toca al lado alguien que no te cae bien…busca la parte de esa persona que sí te agrada, por minúscula que sea y mantén ahí el foco. O prueba a verte como si te estuvieras viendo a ti mismo en una película o un anuncio. 

9-      Desdramatiza y relativiza: al fin y al cabo, hay muchas personas en el mundo cuya vida sí es un terrible drama. No elijas ser tu una de ellas sin necesidad.

 10: Aprende a “anmistiar” de corazón..porque cuando perdonas a los demás, te liberas a ti mismo.

 

candy bars

 

En definitiva, casi todo se basa en hacerte responsable de ti, para dejar de responder a todo lo que los demás o la sociedad te marcan o te piden. Y en entender qué es importante para ti y conectar con esas verdades que anidan en nuestros corazones y a las que pocas veces damos espacio para vivirlas.

 

Ese es el verdadero espíritu de la Navidad. Que sus síntomas se manifiesten en todos nosotros y tengamos todos una FELIZ NAVIDAD. 

 

feliz navidad bolas

Regresando al hogar.

otoño-ALL-STAR

 

Buenos días!! ¿Cómo estás?  ¿Cómo te han ido estos meses?

Mucho tiempo sin saber de mi ¿verdad? Espero que no me hayas olvidado y que de algún modo me hayas echado en falta. La verdad es que como os dije la última vez, yo os he echado mucho de menos porque en estos años, he sentido como escribir en el blog para vosotros cada vez me produce más alegría. Sobre todo cuando recibo los mensajes preguntándome por qué ya no escribo y si no volveré a escribir y dándome las gracias por lo que hacía. De veras que son una bendición y una alegría porque me han hecho saber que aporto ilusión, reflexión y la posibilidad de abrirnos  a una visión diferente y más amplia de la vida, la realización personal y la felicidad. Y por eso estoy aquí de nuevo, aunque ahora, que me siento a escribir,  sean las 23 horas y mañana tenga que levantarme a las 6:30.

 

No sé a ti, pero a mi este año se me ha pasado todavía más “volando” que el anterior…finales de Octubre…¡ ya!!!! En dos patadas como quien dice, ¡Navidades!

 

Como ya sabéis lo que me seguís con asiduidad, primavera y verano son etapas complicadas para mí, por el gran volumen de trabajo que suelo tener. En primavera, siempre me ataca alguna crisis (que este año he evitado, pero me ha atacado al final del verano)  y suelo terminar el verano rayadísima. Al menos, este año he gestionado todo mejor, como puedes leer aquí. Después han llegado las necesarias vacaciones: primero en Septiembre una semana por la Costa Brava y después en Octubre 10 días disfrutando de bajar por la Ruta de la Plata en coche hacia Sevilla y un par de días pasar a la región del Algarve en Portugal. Todas en familia. Lo maravilloso es que tenemos un país para enamorar vayas donde vayas, con un patrimonio artístico, paisajístico y gastronómico que muchos otros, que se dan más bombo, para si quisieran. Así que aunque no haya podido salir al extranjero, ha sido todo un lujo.

 

PicMonkey Collage vacaciones

 

Y volviendo a lo nuestro: el caso es que desde finales de agosto he estado “apurando a tope el verano” y entre vacaciones, y que aprovecho cada hueco libre para hacer deporte al aire libre o bañarme en la playa,  las semanas se me han pasado sin verlas.

 

Para los que me seguís desde fuera de España, aclararos que aunque San Sebastian, la  ciudad donde vivo, es maravillosa estéticamente,  al estar situada en el Norte de España tiene un clima muy, muy lluvioso, que puede resultar muy desagradable y bastante deprimente.  Los veranos son casi siempre breves y nos dejan con hambre de sol a los donostiarras. De ahí mi urgencia de exprimir al máximo el buen tiempo, ya que luego, se pone gris, empieza a llover y ¡no se sabe cuando para! Por suerte, este ha sido un buen verano y está arrancando el otoño con un tiempo estupendo. (Por cierto, que aquí, casi siempre estamos hablando del tiempo).

 

Pero si nos fijamos en el calendario hace ya unas semanas que ha arrancado el otoño y yo como que ni me había enterado. Me ha sorprendido hoy, por primera vez, que me he dado la tarde “libre” y al salir del agua, me he fijado en como los árboles de  los montes que delimitan la bahía de la Concha, han adquirido los tonos profundos y  tostados que van venciendo al verde de finales del veram. Un poco más tarde, mientras paseaba por la Parte Vieja, me he dado cuenta  de que en los escaparates de las pastelerías ya están los Huesos de Santo para la fiesta de los Difuntos del 1 de Noviembre. Y también que las floristerías  están llenas de crisantemos y ciclámenes, tan de esta época.  Con el ajetreo de vida que llevo, tengo tan poca ocasión de pasear por la ciudad que ni siquiera los había visto. Así que el “otoño ha venido, y yo ni sé cómo ha sido”. Pero me alegro, porque para mí siempre es una alegría el cambio de estaciones y la belleza y las oportunidades que nos trae cada una de ellas. Es más, siempre he pensado que me resultaría muy duro vivir en un lugar donde las estaciones no estuvieran bien marcadas y diferenciadas.

 

PicMonkey Collage otoño bueno

 

¿Y qué me gusta del otoño? Bueno, pues muchas, muchas cosas….los colores que nos regala la naturaleza, las deliciosas setas, las castañas pilongas que caen en lluvia de los árboles, los caquis, los buñuelos y las castañas ( las de comer) asadas y bien calentitas, el profundo olor a humus de las hojas que se descomponen en la hierba, la luz que entra oblicua y acerada cambiando el aspecto de las calles y las fachadas de los edificios, ese fresco que nos estremece por las mañanas…sí, lo sé. Cosas pueriles, pero a mi me encantan…¿a ti no te hacen disfrutar?

 

Pero sin duda, lo que más, más me gusta del otoño, es la oportunidad que me brinda de “volver a casa”. De “regresar a mi hogar”. 

 

Y ¿qué es ese “hogar”? Algo que seguro que algunos de vosotros conocéis bien y tenéis ya construido. Otros, quizás estéis en proceso de “construirlo”. O tal vez lo hayáis reencontrado después de mucho tiempo fuera de él y lo estéis limpiando, adecuando y  amueblando, eligiendo con cariño cada detalle. Para otros, es todavía un lugar que encontrar. Porque el hogar del que hablo, no es un espacio físico: sino un lugar de reencuentro con uno mismo, un espacio interno que, con independencia de dónde estés, siempre va contigo.  

 

Yo, en verano, tiendo a alejarme de mi hogar sin darme cuenta. Sobretodo, por lo que me absorbe un trabajo que me drena emocional y físicamente. Y porque es una época más de vida social, más de vivir “hacia fuera”, donde no solemos pararnos a reencontrarnos con nosotros mismos.  Conste que me encanta el verano y su parte de estar mucho en la calle, rodeada de gente…Pero a mí el verano “me pasa factura”.  Y por eso, cuando llega el otoño, acorta el día y regresan las lluvias, sé que es el momento para mi de “regresar a mi casa”. En ella, habitan las mejores cualidades de mi misma en estado puro: creatividad, amor, compasión, ternura, alegría, humor…y sobre todo, es el lugar donde vuelvo a conectar con mi energía vital, con mi esencia: esa energía que me hace sentirme enamorada de la vida y me permite acceder a una dimensión más espiritual y trascendente de la vida, lejos de los enredos de la rutina y la falta de visión que nos produce a veces estar volcado en lo cotidiano.

 

En mi hogar, me siento libre, plena y enamorada de la vida. Disfruto a tope de la belleza, del regalo de estar viva. Todo me fascina y me sorprende, no hay soledad porque estoy acompañada por mi mejor amiga (que soy yo misma) porque me siento amada (sobre todo por mi misma) y no hay espacio para el miedo. Es como si mente, corazón y cuerpo se abrazasen y bailasen muy juntitos. No puedo hacer otra cosa que estar agradecida por todo lo que tengo, por todo lo que he vivido y aprendido y por la perspectiva de todo lo que aún tengo por aprender y vivir.

 

En ese espacio, entiendo la existencia de otra manera; entiendo que independientemente de los logros externos, la vida se sostiene con pasiones, con actitud positiva, con afán de superación y excelencia.

 

¿ Sino por qué creias que  E.T. quería regresar a su casa con tanta fuerza?

¿ Sino por qué creias que E.T. quería regresar a su casa con tanta fuerza?

 

Tu “casa” es un lugar para sentirte agradecido, en armonía y en paz. Un lugar donde nada ni nadie puede herirte sin tu permiso. El refugio al que retirarte, porque en realidad, siempre está disponible, siempre va contigo. Pero puede que en algún momento tu salieras de él y luego extraviases el camino de regreso y todavía no lo hayas encontrado.

 

Créeme que todos, todos y cada uno de nosotros, tenemos ese hogar. Y si aún no lo conoces, piensa un poco…¿no te ha ocurrido nunca sentirte como si hubieras vuelto a un sitio que siempre has conocido? ¿Cómo si atisbases por una ventana un espacio que te remueve de arriba abajo y te asoman las lágrimas porque darías cualquier cosa por poder estar ahí dentro, en vez de estar fuera soportando frío, soledad y miedo?

 

Pues ese es tu hogar.

 

sala con chimenea 2

Hay muchas personas que les pone triste el otoño, la llegada del invierno. Dicen que es la falta de luz, el mal tiempo, el frío. Es cierto que somos seres en relación permeable y permanente con el medio que nos rodea. Pero yo muchas veces pienso que esa tristeza innombrable, es que no han encontrado su hogar. Su Shangri – La. El paraiso perdido o no, que habita en nosotros y del cual nosotros mismos, nos hemos expulsado.

 

Si estás fuera, este otoño, te deseo que puedas volver a tu hogar. Te puede ayudar a conseguirlo el pasar tiempo contigo mismo, el trabajar en tu autoconocimiento, la meditación, el yoga, el mindfulness, el caminar por la naturaleza…todo aquello que te lleve al reencuentro contigo mismo, con tu fuerza vital y te aporte energía y te lleve a desarrollarte y superarte. Hay muchos caminos para volver a casa. Pero debes saber que todos pasan por dentro de ti mismo y que sólo tu puedes ponerte en marcha para encontrar ese espacio.  

 

 Y tú: ¿ has encontrado ya tu hogar? ¿ estás en camino o amueblándolo?

 

¿ qué deseas para este otoño? ¿ qué vas a disfrutar?

 

Te espero en los comentarios.

 

¡Hola! Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro, reflexión vital  y aprendizaje para personas comprometidas con su realización personal, familiar y laboral.

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Corriendo amaneceres, nadando atardeceres: 7 claves para no “quemarse” con la sobrecarga laboral.

sin aprendizaje

¡Buenos días!

 

¿Qué tal te encuentras? ¿Cómo estás? ¿Cómo has pasado el verano?

 

Llevo bastante tiempo sin poder escribir en el blog, sin poder compartir contigo mis reflexiones, mis vivencias y mi particular visión de la vida. La razón es simple: para los que me seguís de hace tiempo, sabéis que el verano es la época en la que más trabajo tengo en el empleo que me da de comer. Y así, mientras para muchos de vosotros es un periodo para disfrutar de más tiempo libre (por vacaciones o jornadas intensivas), para mi son los meses más agotadores del año, en los que hasta ahora, la sobrecarga de trabajo y el estrés que conlleva, me acababan drenando emocionalmente hasta dejarme “quemada”. (Puedes leer más sobre ello en este post).

 

Y porque el verano pasado me resultó tan devastador, uno de mis objetivos para este año era introducir algunos cambios en mi vida y mi forma de estar en el trabajo, para evitar volver a pasar por la misma situación de todos los veranos.

 

Ahora puedo decirte que esas claves que he aplicado han funcionado. Sin ellas y después del “veranus tremens” que hemos tenido de trabajo, estaría para “el arrastre”. Y como sé que no soy la única, como sé que muchos otros profesionales lo pasan realmente mal cuando llega una avalancha de trabajo que les sepulta y se disparan las horas que dedican al trabajo (en ocasiones ni pagadas, ni reconocidas),  hoy he decidido compartir con vosotros esas pautas que me han ayudado a sobrellevar estos últimos 5 meses de maratón profesional extrema, sin llegar al síndrome del agotamiento profesional.

 

Son pautas de fácil aplicación y en apariencia sencillas de seguir. Pero no nos engañemos; si fueran tan sencillas, no habría tantos profesionales con el síndrome del burn out. Aquí te las dejo, para que tu mismo saques tus propias conclusiones:

 

  1. Acepta la situación, prepárate para activar el modo “supervivencia” y corta por lo sano lo superfluo: por fin he entendido que es un error querer seguir siendo una superwoman y llegar a todo, aún en periodos de sobrecarga profesional. Creo que mi principal problema, era “negar” la situación, luchar contra lo imposible y seguir tratando de hacer en 8 horas un trabajo claramente inabarcable para los medios y el tiempo del que disponía.  Y además, pretender llegar a todo fuera del trabajo. El resultado otros años era sentirme mucho más acelerada, haciendo las cosas a toda velocidad, multiplicando el número de errores y aumentando así la sensación de pérdida de control y el consiguiente desgaste que eso conlleva. Todos sabemos que en periodos complicados hay que soltar “lastre”. Pero pocos somos capaces de aceptar la situación, plantearnos que más vale hacer las cosas con más tiempo y con más calma y vivir menos estresados, renunciando temporalmente a algunas actividades que no son tan esenciales. Yo este año lo he logrado. ¿El secreto? Aprender a priorizar,  renunciar y delegar todo lo posible.  Y eso ha incluido bajar las expectativas sobre mi misma.  Verás como reducir algunas funciones a “mínimos vitales” y enfocarte en lo que consideras esencial e irrenunciable, te hará replantearte muchas cosas de tus rutinas diarias y de tus creencias.

 

  1. Programa momentos nutritivos y en lo posible, múevete: este es uno de los puntos que ha resultado clave. Cuando vamos a todo meter, acelerados y agotados solemos olvidarnos de meter en nuestra agenda momentos  frecuentes para nosotros, que nos recarguen las pilas.   En mi caso, este año los he tenido en forma de hacer deporte. Y ha sido de lo que más me ha ayudado a mantenerme con la energía “alta”.  Otros años, como salía tarde de trabajar y estaba cansada, lo primero que abandonaba era el gimnasio. Gran error. El deporte es lo que me ha dado la energía necesaria para despejar la mente y poder abordar a tope el siguiente día. Después de 10 minutos corriendo y ya me había vaciado de cuantas emociones tóxicas y pesimistas había acumulado durante el día. O si lo hacía por la mañana, me daba la energía para “comerme el mundo”.  Y si ya, después del deporte, me daba tiempo a darme un baño en la playa, era el no va más. Programa si o si momentos con actividades sencillas, que sean sólo para ti, para reencontrarte contigo mismo. Puedes meditar, salir a pasear por la naturaleza, ver una puesta de sol, darte un masaje o tomar un café especial, en un sitio especial contigo mismo o en compañía. Cualquier cosa que te aporte bienestar y reconexión, que te haga vaciar la cabeza de “ruido”. Pero sobre todo y siempre que sea posible,  muévete. Sé que cuando uno se ha dejado la piel en el trabajo lo último que le apetece al llegar a casa es ponerse en movimiento. Pero es la pescadilla que se muerde la cola: si no te mueves, estarás más cansado todavía. Hacer ejercicio genera endorfinas, ayuda a soltar tensiones y desconectar. Basta con que establezcas una rutina de caminar, estirarte, nadar o hacer algunos ejercicios.

 

  1. Busca momentos que rompan la sensación de rutina y rodéate sólo de la gente que más te aporta. Seguro que cuando tienes un montón de trabajo de lo primero que se va a ver afectado es tu vida social. Llegas tan cansado que sólo quieres tirarte en la cama, cerrar los ojos y no pensar en nada. Por eso es importante que prepares aunque sea puntualmente,  planes “de calidad” que te proporcionan una satisfacción profunda y duradera.  Y que escojas gente de calidad con los que compartirlos.  Es fácil dejarse llevar por la inercia de hacer siempre lo mismo. Pero lo conocido, no nos renueva y no nos crea sensación de momentos únicos. Ni sensación de recuerdos “especiales e imborrables”. Es fácil que se te olviden las veces que has estado por ahí  tomando algo con tus amigos y pienses que el tiempo se ha pasado “sin más”.  Por eso, aunque te requiera un poco más de esfuerzo, programa puntualmente planes distintos a lo que haces normalmente. Aquí te dejo con mis fotos de  este verano de algunos de ellos: ¿a qué parece que haya pasado un verano increíble lleno de aventuras y glamour? Y en cierto modo, así ha sido porque estos no son los planes que puedo hacer habitualmente.  Y no olvides eligir con cuidado con quien compartes tu tiempo; huye de las interacciones vacías y las personas negativas que te drenan de energía. Ya sabes a quienes me refiero.

 PicMonkey Collage

  1. Cuida tu descanso y tu alimentación: una de las funciones que antes se resiente con el stress es el sueño. Las personas estresadas duermen mal, no duermen una cantidad suficiente de horas, ni con la calidad necesaria. El cuerpo no descansa lo necesario y llega al día siguiente cansado y con baja energía, arrastrando parte de las preocupaciones del día anterior. Marca tus horas de sueño, respeta la hora de irte a la cama. Que tu cuerpo sea tu templo, porque si él falla, todo se cae: cuídalo, mímalo.  Y lo mismo con la alimentación: busca alimentarte lo mejor posible. Respeta las pausas para beber agua y comer fruta durante el trabajo. El mundo no se hunde porque faltes 5 minutos en tu puesto, se pongan como se pongan.  Así no tendrás picos de azúcar y te mantendrás mas alerta y concentrado.

 

  1. Dedica más tiempo a organízarte mejor: en estos periodos es cuando más vas a necesitar organizarte. Por ejemplo, vas a necesitar planificar tu compra para poder alimentarte bien. Vas a necesitar mirar tu agenda más a menudo para que ninguna tarea importante se quede sin hacer por pasarte el día apagando fuegos. Necesitas más orden en tu mesa, tener todo preparado. Es imprescindible poner cada tarea en su lugar, cada cosa en su sitio para que todo pueda funcionar de una forma sencilla y fácil. Recuerda que será muy difícil “apagar un incendio” cuando no sabes dónde tienes la manguera.

 

 

  1. Pon límites y practica el  NO sin sentirte culpable: en muchas ocasiones, parte de la sobrecarga de trabajo que sufrimos la originamos nosotros mismos atribuyéndonos funciones y responsabilidades que nadie nos ha pedido. Obsérvate, sé consciente de cómo funcionas en tu trabajo. ¿Eres quizás paternalistas con tus  clientes o proveedores y haces más de lo que deberías o cosas que en realidad les corresponde a ellos hacer? ¿Eres tan disponible y “nice” que te cargas con parte del trabajo de tus compañeros dejando lo tuyo para el final? ¿O eres de los que saltas a coger el teléfono al primer timbrazo porque no puedes escucharlo sonar, interrumpiendo tareas importantes y acabas convertido en el telefonista, aunque ese no sea tu puesto? Te aseguro que muchas personas hacen todo esto sin darse cuenta y luego se enfadan con el mundo cuando el compañero se va a su hora y ellos se tienen que quedar más tiempo porque no han empezado con lo que sería propiamente suyo. Poner límites, ser asertivos, reeducar a la gente para que cada uno haga su parte, es esencial si no quieres verte enredado en una trampa mortal. No sirve de nada cabrearte y despotricar si no enseñas a la gente lo que necesitas para trabajar bien coordinado con ellos y no aprendes a decir no a ciertas actitudes o requerimientos.  Aprender a expresar con asertividad y firmeza  las necesidades para trabajar bien en equipo  o con qué estándar deseas que se trabaje contigo,  te va ayudar a que todo sea más fluido y tendrás menor desgaste, para dedicar tu energía a lo que es realmente importante, que eres ante todo tu mismo.  Recuerda que si tu quiebras por no saber cuidarte, si te quedas “sin batería”, entonces sí que no podrás aportar nada. Y muchas personas piensan que es el trabajo quien les roba su energía, cuando ellas la están desperdiciando a manos llenas.

 PicMonkey Collage Hiruzta

  1. Ocupate de hacer un análisis de lo ocurrido cuando todo se normalice y toma las decisiones que tengas que tomar: este es quizás el punto más importante y el que casi siempre obviamos. Ha pasado el nivel de “alerta 10”, el trabajo vuelve a su cauce…y tú solo piensas en las ansiadas vacaciones por venir y olvidarte de todo. Pero por desgracia, hay situaciones que son recurrentes en las empresas, porque a sus directivos así les conviene. Valora lo que has pasado, el precio que pagas y qué te gustaría que fuera diferente. Luego haz tus propuestas de mejora a quien sea competente y mira cual es la reacción. Si lo que te ofrecen no te gusta, piénsatelo. Quizás la  tuya es una de esas empresas que imponen de continuo cargas de trabajo irracionales a sus trabajadores. Y entonces,  igual deberías ir pensando en cambiar de trabajo. O si ya lo pensabas, quizás deberías dejar de pensarlo y pasar a la acción. Lo creas o no, antes de lo que piensas, volverás a encontrarte en una situación parecida. Y sólo tu decides estás dispuesto a volver a pasar por ello y a qué precio.  No todos podemos dejar el empleo que nos da de comer. Pero somos responsables de cuidar de nuestra energía, de pelear porque las condiciones vayan mejorando, de hacer que se respeten nuestros derechos desde la firmeza y el dialogo. No sirve de nada quejarse si no lo haces frente a la persona que tiene el poder de cambiar las cosas. Seguro que tú también conoces a un montón de personas que se quejan y se quejan, pero nunca van a hacer planteamientos ante quien tiene el poder de decisión,  ni por los cauces adecuados. Personas que se quejan y  no hacen nada por cambiar el status quo. Esas personas, en el fondo, están dilapidando su energía, su potencial y sus oportunidades porque pocas cosas resultan tan tóxicas y ahuyentadoras como la queja estéril.

 

Ten claro que sin análisis, sin aprendizaje, no hay evolución y sólo podemos optar a la repetición. 

 

Y hasta aquí hemos llegado hoy. Estas son mis claves, espero que te hayan ayudado. Si tú tienes las tuyas y quieres compartirlas, si tienes dudas o reflexiones, te espero encantada en los comentarios de este blog.

Y si piensas que podría venirte bien mi ayuda para trabajar algunos de estos temas: organización, planificación, limites, asertividad, motivación profesional o cambios de cualquier tipo, aquí estoy a tu disposición para sesiones personalizadas.

 

 

¡Hola! Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro , reflexión vital  y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

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Nadie quiere ser portada de los lunes al sol- El proyecto Lanzaderas de Empleo.

 

Primer día de la colaboración con la Lanzadera de Oarsoaldea

Primer día de la colaboración con la Lanzadera de Oarsoaldea

 

Nadie quiere ser portada de los lunes al sol.  ¡Qué gran verdad es esa!!!

 

Hoy me permito arrancar con un titulo “prestado” por una plataforma creada por un grupo de “desempleados, pero no parados” de Granada. Ya en su momento, también hubo otra plataforma que utilizó ese nombre, ante una serie de despidos previstos por Iberia al inicio de la crisis. Mucho ha llovido desde entonces. Algunos aspectos económicos han mejorado, otros han empeorado y otros, por desgracia, se han quedado más o menos como estaban. Y digo por desgracia, porque mucho me temo que una lacra social tan grande como lo es la del desempleo está pasando a aceptarse como  parte de una realidad social que a nadie gusta, pero para la que no se prevé una solución a corto plazo.

 

6 millones de parados es una cifra que asusta. Pero no pasa de ser una cifra.

 

Es detrás del número dónde están las personas. Y con las personas, sus circunstancias y el impacto que en cada una tiene la falta de empleo.  Personas con la vida condicionada, a veces en suspenso. Si las mirásemos una a una, la suma del drama que muchas veces representan nos aplastaría.  Aquí una madre de familia angustiada por no saber no sabe si podrá pagar la hipoteca de la casa donde vive con sus hijos. Allí el desencanto de un joven por quien sus padres hicieron sacrificios para dar unos estudios que hoy no le garantizan una salida profesional. Más allá la rabia de un hombre que se dejó la piel 30 años en una empresa que hoy es historia y a quien dicen que ya es “demasiado mayor” para acceder a un puesto de trabajo.

 

Hoy quiero traer a la luz a todas esas personas, para quienes la falta de empleo se vive con angustia, como una maldición y un estigma. A todas aquellas personas  cuyo drama individual y único, queda enterrado bajo las cifras generales. Despersonalizado, ninguneado y “minimizado” incluso por los que tenemos la suerte de tener un empleo en el que no estamos tan a gusto como desearíamos y les miramos pensado que ellos gozan de nuestra ansiada “libertad”.  ¡Cómo podemos ser tan cretinos! Jóvenes que aún no han conseguido entrar al mercado laboral. Padres y madres de familia que ven como su vida se ha derrumbado al quedarse sin empleo, sin sustento para ellos y sus familias. O profesionales que se sienten en lo mejor de su carrera, formados, con experiencia y para quienes la ambición profesional forma esa parte esencial de la autorrealización personal y social. Que entienden que un salario, además de independencia financiera, permite aprender, desarrollarse, interactuar con otras personas y ser un diente más en el engranaje social del que todos formamos parte.

 

 

Por eso me parece tan valioso el proyecto Lanzadera, puesto en marcha por Fundación Telefónica y Santa María La Real. Un espacio dirigido, donde puedan juntarse diferentes personas sin trabajo para convertirse en buscadores activos de empleo y formando equipo, poder darse visibilidad.  Un espacio para crear alianzas, compartir experiencias y  pasar en muchos casos del desánimo de la soledad a la fuerza del equipo.  Un espacio donde aprender sobre uno mismo, donde adquirir recursos en la búsqueda de empleo y donde potenciar las oportunidades de acceder al mercado laboral. Todo eso es una Lanzadera de empleo.

 

Este verano, he tenido la inmensa suerte de colaborar con una de estas Lanzaderas puesta en marcha por Oarsoaldea, apoyando en el acompañamiento emocional y la motivación de sus participantes. Es curioso que parece que algo  de lo que nunca se habla es de las necesidades emocionales de la gente que busca empleo. Parece que basta con intentar paliar las carencias económicas con la prestación por desempleo.  Pero ¿quien se ocupa de la gestión emocional de una persona que no consigue trabajar? ¿Quien les ayuda a gestionar la incertidumbre, las inseguridades y los miedos que provoca la situación? Si ya nos cuesta mantener el ánimo, la cabeza alta y la actitud templada a los que tenemos trabajo ¡cuánto más complicado es en esa situación de adversidad!  Por eso considero este tipo de iniciativas imprescindibles para poder salir de la situación creada  y por eso ha sido un lujo para mi esta colaboración, donde he vibrado con las fibras más sensibles del ser humano. Donde hemos reído, nos hemos emocionado, hemos hecho frente a nuestros miedos y hemos subido a tocar la luna de la esperanza con nuestros dedos.  Junto a estas personas me he sentido más persona, más humana, más viva y más apreciativa de la vida.

 

Por eso y ahora que la Lanzadera está llegando a su fin, quiero mandar unas palabras, que sirvan para todos los que han participado en el proyecto, hayan encontrado o no empleo a través del mismo. Y también para todos los que están ahora en situación de desempleo.

 

“Cree en ti. Eres bueno, eres valioso. En algún lugar, hay un trabajo para ti. Y si hay cosas tuyas que no te gustan, que crees que deberías mejorar…¡hazlo!

 

Somos perfectibles. Podemos aprender. Ahí reside nuestra grandeza. Puede que te digan que no tienes experiencia, que no estás bien preparado: nunca te desanimes. Y no te infravalores. Tú eres suficiente si tu actitud es la adecuada, si tienes hambre, si tienes ganas. Cada uno te dirá una cosa, te pedirá algo que no tienes…atrévete a escuchar tu corazón y defender tu valía. ¡DESAFIALES Y DEMUESTRALES LO QUE VALES!

 

Puedes desanimarte en ocasiones. Puedes caerte, puedes llorar, puedes patalear. Todo eso está permitido. Pero sólo un rato. Luego, levántate y vuelve a caminar. Vuelve a la búsqueda. Permítete todo, pero sigue siempre adelante. RECUERDA: SÓLO RENDIRSE ESTA PROHIBIDO. “

 

 

¡Hola! Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro , reflexión vital  y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

En él encontraras herramientas de inteligencia emocional para transformar los obstáculos  cotidianos  en retos y construirte una vida equilibrada y armónica, llena de fuerza, confianza y pasión. Una vida  a tu medida, que sientas que merece la pena vivir.

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Los buenos siempre ganan-(homenaje a mi hermana de alma rusa).

Nina y yo en el Parque de las Naciones.Ella siempre tan elegante y yo con esta pinta tan soviet!

Nina y yo en el Parque de las Naciones.Ella siempre tan elegante y yo con esta pinta tan soviet!

 

“Los buenos siempre ganan”. Menuda frase. Casi seguro que cada uno de nosotros la habremos escuchado en alguna ocasión de nuestra vida. Y es muy probable que haya sido dentro de alguna película de Hollywood, sobre todo si estaba ambientada en época de la Guerra Fría. Pero más allá de las anécdotas, lo cierto es que estas 4 palabras resultan muy potentes y dan para mucho debate. Y desde luego que por sí solas son capaces de despertar muchas emociones. Porque como siempre ocurre en la vida, somos nosotros, los que las recibimos, quienes las dotamos de sentido.

 

Yo misma las he escuchado bastantes veces. Pero hubo una ocasión concreta en que literalmente, me “golpearon”. Fue hace ya muchos años,  mientras veía una película que ni siquiera recuerdo, de “buenos y malos” con mi sobrino Carlos, que era todavía un niño. Aquella debía de ser una de esas etapas personales complicadas y tristes para mi, como ocurría con frecuencia en mi vida “antes”. Vivía yo entonces en un rol permanente de “super-victima, convencida de que la vida era algo que “me sobrevenía” sin que yo tuviese ninguna posibilidad de influir sobre ello. Ya veis qué plan…  El caso es  que allí estábamos mirando la tele, cuando más por la tristeza que entonces teñía mi vida, que por lo que veía en la pantalla, se me debió de escapar alguna lágrima. En ese momento, mi sobrino, me miró muy serio y con toda su pureza infantil me lanzó un: “tía, no te asustes ¡si los buenos siempre ganan!”

 

¡Cómo me llegó al corazón aquella frase! Lógicamente, no se me ocurrió romper la inocencia del niño contradiciéndole. Pero sí que en aquel momento, aquel comentario me desgarró.  Porque acorde a mi patética visión de la vida, sabía que los buenos no siempre ganan. Es más, creía que casi nunca ganaban. Sabía que muchas veces, da igual lo que te esfuerces, que todo sale al revés y te dan por todas partes, que era lo que a mi me ocurría entonces. Sabía que la vida no es cómo las películas. Y que puedes ser todo lo “bueno” que quieras, que en ocasiones, no tienes nada que hacer. Y mientras los “malos” lo consiguen todo y se van de rositas y tienen mejor trabajo, más pasta, novias/os más guapas/os y se lo pasan infinitamente mejor que tu, que te esfuerzas, que luchas y te sacrificas. Vamos, que como veis, qué más quería yo que aquello para darme todavía más pena a mi misma…¿Os suena a alguno esta sensación? Pues menos mal que entonces me callé la boca.

 

 

La segunda vez que me han golpeado estas palabras, ha sido con motivo de mi viaje a Moscú el pasado mes de Marzo,  a visitar a mi amiga Nina. Una situación bien distinta, con muuuchos años transcurridos de por medio y sobre todo, con una madurez personal bien diferente.

 

Plaza Roja retocada

 

Conocí a Nina hace 3 años, cuando se presentó para solicitar unas prácticas en la empresa en la que trabajo.  Estaba decidida a dejar su puesto en el Ministerio de Economía buscando una cambio de vida. Todavía recuerdo como durante la entrevista que tuvimos con ella, mantenía sus hombros inclinados bajo el peso de alguna enorme carga que sólo tenía forma en su cabeza y en su corazón. También me impactó como su mirada apuntaba hacia abajo, como apesadumbrada por esa aparente locura que estaba intentando, segura de que nadie podría entender su necesidad de abandonar la promesa de una carrera profesional brillante en su país por venir a hacer unas prácticas al nuestro.  Parecía que se sintiera avergonzada por un acto de valentía que pocos de nosotros somos capaces de llevar a cabo. ¡Qué ironía!Tenía por entonces un español correcto al que faltaba un poco de fluidez y era ( y es ) una chica preciosa, con un curriculum completo y muy potente a pesar de su juventud. Se la notaba honesta y muy motivada y nos gustó mucho.  Recuerdo como al terminar la entrevista, después de comunicarle que le aceptábamos, nos quedamos solas. Ella empezó a decirme llena de agradecimiento como iba a trabajar durísimo por la empresa y que no nos íbamos a arrepentir de haberla cogido porque haría todo lo necesario para que estuviéramos contentos de haber apostado por ella. Era tan evidente que pensaba sacrificarse al máximo, que me dio mucha lástima aquella gratitud un poco desproporcionada. Le respondí que me alegraría si tan sólo al final de sus prácticas volviera a caminar erguida y mirando a los ojos a las personas.  Y ese fue el principio de una relación que acabaría transformándose en una sólida amistad.

 

PicMonkey Collage Nina

 

Nina resultó un acierto para la empresa por su gran capacidad de trabajo, su carácter esforzado y disciplinado y una estupenda capacidad de adaptación al entorno y a la cultura. Prueba de ello está en los videos que grabamos juntas para mis sorteos de Facebook, donde sin ningún problema se ofreció ayudarme en algo tan alejado del serio y reservado carácter ruso. Para muestra, tienes el enlace de aquí abajo.

Sorteo falsa toma

Poco a poco fuimos descubriendo afinidades y a pesar de la diferencia de edad, empezamos a hacer planes juntas fuera del trabajo. Esto nos permitió conocernos mejor, desarrollar una gran confianza y complicidad entre nosotras y pasar a admirarnos mutuamente. Ambas compartíamos gusto por la aventura y el arte, tenemos ambición profesional y nos esforzamos por mantener y hacer crecer nuestra independencia emocional  como mujeres. En el tiempo que vivió en Donosti, Nina dejó de caminar encorvada, empezó a mirarnos a todos a los ojos y nos dejaba ver cada vez más su preciosa sonrisa. Cautivó a mis amigos, se granjeó el aprecio de los compañeros de trabajo, de los clientes y los proveedores y hasta de mi mismo jefe. Se hizo una persona de peso dentro de la empresa y ninguno nos planteamos que ese idilio podía tener un final. Pero como ocurre en las películas la vida siempre se complica: después de casi dos años que para ella fueron un auténtico revivir, llegó el momento en que ya no era posible renovar más su visado de prácticas. Sólo quedaban dos opciones: o conseguir un permiso de trabajo y residencia para ella (algo muy difícil de lograr) o que se arriesgase a quedarse en una situación irregular en el país. Algo que ni se consideró.

 

 

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En Octubre de 2014 Nina regresó a Moscú esperando la oportunidad de regresar a esa vida que tan feliz le hacía y yo me puse a gestionar sus papeles.  Ambas éramos conscientes del impacto que podía tener la consecución de ese permiso en su futuro y quizás por eso yo acabé el año pasado tan estresada, ya que a mi trabajo habitual se añadía la gestión de un tema sobre el cual sabía muy poco. Pero tuve suerte, porque conté con el apoyo de Jordi, un chico de Barcelona experto en visados, que se implicó en nuestra historia con una generosidad que todavía me emociona al recordarla y me ayudó enormemente. La vida, que a veces y sin que sepas muy bien porqué, te echa un cable. Y así, contra todo pronóstico, superamos con éxito la primera parte de la gestión, que suele ser la más complicada. Creo que fue uno de los momentos de mayor satisfacción para mí del año pasado. ¡Había puesto todo mi empeño, mi dedicación y mis habilidades en ello y lo había conseguido! ¡Los buenos siempre ganan!!

 

Pero nos “tumbaron” en la segunda parte. Aunque decidimos recurrir la denegación, el tema se fue complicando y termino en un sonado fracaso. No alcanzamos el objetivo que era el tan ansiado permiso. Y de repente se hizo evidente una realidad que ninguno  habíamos querido mirar de frente: Nina ya no regresaría a España. De ese golpe aprendí que a veces, enredados en la rutina, no somos capaces de comprender en profundidad qué y quienes son realmente importantes en nuestra vida. Y por eso, sin darnos cuenta, dejamos pasar las oportunidades de disfrutarlos mientras están cerca, creyendo que nada cambiará. Durante aquellos meses de lucha yo descubrí que Nina no era para mi sólo un pilar en el trabajo, sino en mi vida personal: sin que yo lo supiera, se había convertido en la hermana que nunca he tenido en mi corazón.  Mi hermana pequeña, mi hermana de alma rusa. Y me encontré con que casi, ni nos habíamos despedido, abrazando la ilusa convicción de que ella volvería. Así que nuestra “despedida” fue por teléfono, para decirle que no había permiso. Que ese sueño se había acabado. Casi no nos salían las palabras y sin embargo, creo que en ese momento las dos estuvimos tan unidas que podíamos comunicarnos sin hablar.

 

PicMonkey Collage museo

 

Este mes de Marzo, he viajado a Moscú a ver a Nina y “despedirnos” en persona. Poner fin a los sueños de una etapa, poner palabras a aquello que vivimos juntas, pero a miles de kilómetros de distancia. Y a sellar nuestra amistad y volver a crear nuevos sueños. Caminando del brazo como allí se estila, bajo el sol de Moscú y con un frío cortante y que sin embargo se llevó lejos aquellas decepciones, me venía de continuo a la mente la dichosa frase: “los buenos siempre ganan”, en relación a esa decepción que habíamos vivido.

 

Y ocurrió que allí encontramos juntas el sentido de esas 4 palabras…porque entendimos muchas cosas, como que el vínculo que nos unía, hecho de vivencias, risas, miedos y sueños, seguiría ahí para siempre. Y visitando el Kremlin, los monasterios del Anillo de Oro de Moscú, pasando delante de la Ciudad de las Estrellas, sentimos ambas como la vida es una aventura apasionante. Y esa aventura hay que vivirla de un modo proactivo, en primera persona, en presente y futuro. Nada de condicionales. ¡Y eso era lo que nos habíamos atrevido a hacer! Nos comprometimos, nos esforzamos y aprendimos por el camino. Experimentamos como aún siendo personas normales, con un trabajo normal, nuestro campo de actuación puede ampliarse tanto como queramos. Porque podemos luchar por hacer realidad los sueños, ir más lejos de lo que pensábamos y aprender sobre la vida y sobre nosotros mismos con ello. Nos sentimos, en cierto modo, sin límites e infinitas…..Por eso, los buenos siempre ganan.

 

PicMonkey Collage María San Basilio

 

Si, los buenos siempre ganan. Ganan una infinidad de vivencias, experiencias, información y emociones, que están ahí, en la oscuridad que rodea la luz que ilumina con fuerza el objetivo. Por eso no podemos verlas. Porque sólo miramos el objetivo. Pero están ahí, en el  camino recorrido: la grandeza de la amistad,  la generosidad de personas como Jordi capaces de implicarse en una historia ajena, la magia de las ilusiones que nos llevan más lejos de lo que nunca soñamos ir, la estima que todos sentían por Nina….Y sobre todo, los buenos ganan en respeto por si mismos. Porque si algo entendimos, fue hasta qué punto podíamos contar con nosotras mismas cuando nos empeñamos a fondo en algo y como, intentar aquello, había sido querernos y tratarnos bien.

 

Ahora Nina tiene un trabajo bastante bueno para la situación económica de su país y vive tranquila de vuelta en el hogar familiar. Añora y añorará siempre Donosti. Pero disfruta su vida en Moscú con una fortaleza personal que le ha hecho crecer lo inimaginable y le abre a un nuevo mundo de posibilidades.  Y yo he tenido la ocasión de conocer con ella de guía un pedacito de un país que siempre me ha fascinado. ¡Quién me iba a decir que acabaría viendo el Volga con una amiga rusa, cuando lo estudiaba en mis libros de geografía!

 

Con el Volga de fondo.

Con el Volga de fondo.

 

 

Y por eso, ahora, muchos años más tarde, puedo mirarle a mi sobrino a los ojos y decirle: “sabes Carlos, es cierto, los buenos siempre ganan.” Y matizaría lo siguiente: “Quizás no ganan todo lo que querían. No todo lo que buscaban. Pero si miras con detenimiento, si tienes la actitud adecuada, si conoces el amor y la gratitud, entenderás que sí. Que los buenos, siempre ganan algo. Sobre todo, cuando se atreven a vivir con valentía”

 

La misma frase, distintos momentos, distintas reacciones y diferentes actitudes ante la vida. Antes, no sé ni si lo habría intentado. Hubiera pataleado, hubiera echando balones fuera y  gimoteado “maldita administración que nos pone estas barreras”.

 

Ahora, vivo la satisfacción de saber que no volveré a vivir mi vida como una víctima, la satisfacción de haber paseado bajo el sol de Moscú. La satisfacción de un montón de recuerdos y vivencias que nadie puede arrebatarme.

 

Por eso, recuérdalo: los buenos siempre ganan algo.

 

 

Y tú: ¿cuando fue la última vez que “ganaste”? 

¡Hola! Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro , reflexión vital  y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

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Materializando sueños.

No sabemos de lo que somos capaces, hasta que no lo intentamos.

No sabemos de lo que somos capaces, hasta que no lo intentamos.

 

¡Buenos días! ¿Cómo estás?

Yo me encuentro un poco más que bien: estoy muy feliz.

¿La razón? Que el año ha arrancado con muy buenas expectativas para mí. De hecho, me  encuentro con tanto trabajo, que he tenido que aplazar el escribir en el blog regularmente. Clientes, cursos, conferencias….parece que todo se presenta a la vez. Están siendo semanas muy intensas y de veras que echo mucho de menos no haber podido mantener mis post semanales. Por no hablar de que mi presencia en las redes sociales se ha vuelto casi nula. Sin embargo, creo que lo entenderéis cuando os explique lo que estoy viviendo.

Veréis: estas últimas semanas me las he pasado cosechando frutos de semillas que planté hace tanto tiempo, que casi las había olvidado. Porque aunque a mi misma me cueste aún creerlo, parte de mi sueño de vivir del coaching ha empezado a  materiliazarse. Va tomando una forma más real, tangible y lo más importante: facturable.

No está ocurriendo todavía en la forma y volumen que  soñé  pero si en el fondo y en la esencia. Y os aseguro, que si un sueño es ya hermoso cuando se sueña, cuanto más maravilloso resulta cuando se vive.

Os cuento. Durante este mes de Febrero he conseguido llevar mi taller de coaching para padres al lugar que desde el primer momento soñé que era el espacio idóneo para impartirlo: en la maravillosa casa de Cultura de Aiete, enmarcado dentro de la programación cultural de la ciudad. 5 años me ha costado conseguirlo. Pero lo importante es que lo que en su día no fue sino un deseo en mi corazón, ahora se ha vuelto realidad.

 

Aiete collage

 

Salvo mis amigos más cercanos, pocas personas imaginan el reto que esto ha supuesto para mí. Diseñe este taller hace 5 años, en el arranque de lo que me proponía que fuera un giro profesional de 180 grados en mi carrera. Y desde entonces,  por el camino han ido cambiando muchas cosas: desde el título del taller, a su contenido que he tenido que adaptar a los nuevos conocimientos que he ido adquiriendo. Pero sin duda, lo que más ha necesitado cambiar para conseguir este reto, he sido yo misma.

 

 ¡Qué razón tiene quien dijo que nunca sabemos de lo que somos capaces, hasta que de verdad lo intentamos!

 

Conseguir este logro sin aparente importancia para muchas personas, ha supuesto para mi un largísimo y árido camino de autosuperación y maduración personal.  Ha conllevado muchas renuncias a divertirme, a salir con mis amigos o dedicar tiempo a mi familia. Ha implicado invertir tiempo y dinero en formarme, sin saber muy bien qué retorno tendría esa inversión. Y también gastar un dinero que me hubiera venido muy bien para aspectos más pragmáticos de mi vida, en aspectos de mi negocio que pocas personas veían coherentes o necesarios.

 

Durante este increíble proceso de transformación personal, ha habido de todo;  algunas alegrías, muchas ilusiones fallidas. Y una larga, largísima travesía del desierto que ha durado meses e incluso años, sin resultados aparentes. Donde me he caído mil veces y me he levantado mil y una. Magullada, dolorida y confusa, pero nunca, nunca derrotada del todo. Porque sabía que el coaching es mi pasión y porque además, darme por vencida, no va con mi espíritu.

 

Este sí que ha sido un verdadero Viaje del Héroe, con todo lo que de aprendizaje sobre nosotros mismos conlleva. 

 

Y qué queréis que os diga: ahora me siento muy orgullosa de mi misma. De mi empuje, de mi tesón. De mi cabezonería si queréis llamarlo así. Pero lo cierto es que he sido capaz de haber continuado peleando por mi sueño sin rendirme todo este tiempo, hasta haber llegado aquí. Y aunque cansada y algo aturdida, me alegro de haber apostado tanto y tan fuerte por mí misma. Porque al final,  o trabajas para hacer realidad tu sueño, o acabas trabajando para hacer realidad el sueño de otro.

 

Así que ahora, doy una y otra vez las gracias, por mi perseverancia en el  constante sembrar semillas acá y allá de los últimos años. Acepto con cariño esa parte “ilusa y loca de mi”, que avanzaba a trompicones, un poco como podía: supliendo con  ilusión y pasión la falta de recursos materiales y la falta de apoyos y experiencia.  Y abrazo a esa parte mía de “pueril entusiasmo”, que ha sido la que  ha permitido que descubra aspectos vitales tan profundos como lo que cuesta mantener viva la esperanza de que un día, alguna de esas acciones que llevaba a cabo, alguna de esas simientes de sueños, acabaría arraigando y daría frutos.

 

sembrador-de-estrellas-de-noche

 

Y así ha sido. Al menos una, ha fructificado. Entiendo que puede que sea un hecho aislado y se quede en esto. No más.  Punto final.

Pero en cualquier caso, nada podrá cambiar ya como me siento ahora: agradecida y llena de amor por la persona en la que me he convertido.

 

Y he aprendido tanto por el camino…he aprendido que hay cosas para las que nunca es tarde. No importa cuando empieces, sino tener la valentía de salir de tu espacio de comodidad y empezar. Y he aprendido de la íntima sensación de realización personal que proporciona el responsabilizarte de tu vida y tus decisiones.

 

También he aprendido de la diferencia que hay entre insistir y perseverar. Y de la fuerza de voluntad, el empuje y el esfuerzo que se necesita para sacar adelante un proyecto personal, por poco ambicioso o pequeño que nos pueda parecer. También entiendo con otro nivel de profundidad  la renuncia que implica elegir entre lo que quieres ahora o lo que quieres para tu vida. Y entiendo que nada mas importante puede mover nuestras acciones que la humildad y el afán por superarnos a nosotros mismos y ser cada día un poco mejores y más completos, para luego volcar ese potencial al servicio de los demás.

 

Ahora puedo contar la historia de una chica que en vez de quedarse estancada en la queja de un trabajo que le resultaba insatisfactorio, un día plantó las semillas de un sueño profesional en su mente, y poco a poco, esa visión  la transformó hasta convertirla en la persona capaz de conseguir lo que anhelaba.

 

Y por eso hoy celebro el éxito del objetivo conseguido, celebro en quien me he convertido por el camino y celebro lo que he disfrutado de lo obtenido impartiendo el curso.

 

Ahora, a seguir sembrando, para que nuevas semillas germinen cuando llegue su momento.

 

Y tú: ¿cómo vas con la materialización de tus sueños?

¿qué nuevas semillas puedes plantar para que germinen un día?

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¿A qué aspiras este año?

todos tenemos cosas que queremos solucionar, cambiar o conseguir.  La diferencia está en como actuamos con respecto a ello.

todos tenemos cosas que queremos solucionar, cambiar o conseguir. La diferencia está en como actuamos con respecto a ello.

 

Buenos días. ¿Cómo te encuentras?

Espero que estés feliz, tranquilo/a y lleno de ilusión ante este año que acabamos de estrenar. Yo estoy bien. Con buena energía y llena de entusiasmo para el 2016.

Si el ser humano se caracteriza por algo, es por su capacidad de soñar, de planificar el futuro y construir así nuevas realidades. Lo creas o no, todos llevamos dentro un gen de la superación, de la mejora. Deseamos la felicidad. Y empezar el año con algunos propósitos nos facilita ponernos en movimiento para buscarla. En el fondo, todos tenemos cosas que queremos solucionar, cambiar o conseguir. La diferencia está en como actuamos con respecto a ello.

Por eso, hoy compartiré contigo “mis trucos” y algunos aprendizajes que he ido adquiriendo por el camino en esto de los propósitos para el nuevo año.

La primera consideración es que la realidad es la mejor maestra. Como os comentaba en este post es una buena costumbre hacer un pequeño repaso mental del año que se ha ido. Es difícil mejorar el futuro si no detectamos primero qué es lo que no nos ha funcionado en el pasado. Rectificar es de sabios y casi de continuo necesitamos hacer “reajustes” y cambiar formas de proceder si no nos llevan adónde deseamos, en vista de la nueva información que vamos adquiriendo. A eso se le llama ADAPTARSE y responde a la pregunta ¿qué he aprendido de lo vivido este año pasado?

La segunda clave a considerar es que no te sirve de nada llenar hojas con objetivos que no responden a quien eres. Olvídalo. No vas a cumplirlos. Todos los años me encuentro con clientes que vienen a mí con objetivos que imaginan que les cambiarán la vida. Pero los acaban abandonando por el camino, porque en el fondo, cuando se van conociendo mejor, entienden que esos supuestos “deseos”,  responden más a expectativas que otros tienen sobre ellos (sus jefes, a sus parejas, expectativas de la sociedad) que a lo que ellos realmente quieren. Así que si ya te has planteado tus propósitos de año nuevo,  antes de arrancar, hazte estas preguntas: esto que quiero hacer: ¿para qué quiero hacerlo? ¿qué quiero conseguir? ¿responde a alguna necesidad profunda mía? 

Y por último, te diría que además de pensar en lo que funciona y lo que no para ti y lo que de verdad deseas, tengas en cuenta el camino. Seguro que a estas alturas ya tienes claro que la felicidad no es un destino, es un camino. Es  muy difícil mantener un propósito que no disfrutes llevando a cabo. Si sientes que lo que pierdes por el camino es más que lo que ganas, lo normal es acabar renunciando. Nos llenamos la vida de tareas para conseguir llegar a sitios que luego no nos hacen felices y dejamos de lado nuestro bienestar cotidiano para conseguirlo. ¡Así de complejos somos los humanos! Por eso, ten en cuenta que el principal objetivo es siempre el bienestar. Puede implicar esfuerzo, renuncias… si sientes que con ello estás ganando algo te compensará.  Pero si no existe un factor de motivación interior que compense ese esfuerzo, ese sacrificio…. olvídalo. Táchalo de tu lista, porque sólo vas a conseguir frustrarte. O tienes claro qué te hace disfrutar del camino hacia ese objetivo o acabarás por abandonar, en muchos casos, sintiéndote un poco peor que antes de empezar. ¿Te merece la pena?

 

Y hasta aquí, mis consejos para tus objetivos 2016. Espero que las reflexiones te hayan resultado tan útiles como para compartirlo en tus redes sociales.

 

Si quieres saber más sobre objetivos, te recomiendo estos otros post:

Objetivos smart.

¿ Son tus objetivos tus verdaderos objetivos? : la motivación

¿Qué es lo que SI consigues cuando NO consigues tus objetivos. 

 

Y si  te interesa saber más sobre cuales son mis propósitos para el 2016, la nueva realidad que voy a crear en mi vida y cómo voy a hacerlo, podrás hacerlo en la publicación que haré el próximo miércoles.

¡Que tengas un gran día!

 

caballo en mar

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Por favor…¡EDÚCAME!. Pero edúcame BIEN.

"Amar bien implica el deseo de amar cada día mejor"

“Amar bien implica el deseo de amar cada día mejor”

 

Kaixo gurasoak! ¡Hola papa! ¡Hola mamá!

 

En esta segunda carta, me gustaría hablar con vosotros de una palabra sobre la que como niños, sentimos que  muchos padres no han reflexionado lo suficiente antes de traernos al mundo. Esta palabra es EDUCACIÓN.

 

Educación, procede de educar. Un verbo muy hermoso que viene del latín, “educare” y significa “conducir de la oscuridad a la luz”. Aplicado a nuestra relación sería algo así como “llevar a los hijos a luz.”

 

¿Y qué significa ese “llevar a los hijos a la luz”?

 

Seguro que para cada padre o madre significará algo diferente. A mi la opción que más me gusta es la de que me ayudes a “sacar a la luz mis talentos y mi potencial”. Que me ayudes a entender lo que me hace único y diferente, alumbrando, dando luz,  a aquello que ya está en mi interior. Que me ayudes a descubrir mi identidad para poder dar luz con ella al mundo”.  

 

Si… esa es la manera en que deseamos ser educados.

 

Por eso los niños y niñas entendemos que vuestra función como padres no consiste tanto en enseñarnos vuestra manera de ver el mundo,  ni en forzarnos a mirar con vuestra misma mirada la realidad. Sino en ayudarnos para que nosotros mismos la descubramos con nuestros propios ojos y la comprendamos, nos ubiquemos en ella  y la disfrutemos en función de quienes somos. Cada uno a nuestra manera, porque cada uno tendremos cualidades, talentos y aptitudes diferentes.

 

Los dos sabemos que educar a un hijo uno de los mayores retos a los que te vas a enfrentar en la vida. Y sé que requiere de ti como padre o madre,  muchísimo cariño, dulzura,  paciencia, curiosidad, humildad, firmeza….. Y un montón de cualidades más que no sigo, porque no acabo.

 

Pero algo que algunos padres olvidan o les cuesta entender es que educar, también implica aceptación y libertad.

 

Aceptación de la posibilidad de que yo sea diferente a las expectativas que tu como padre/madre puedes tener sobre mi. Aceptación de que desee vivir mi propio estilo de vida y tener mis propias experiencias, por mucho que eso te duela o asuste. Y libertad para poder cumplir ese anhelo.

 

Es terrible para un niño o una niña sentir que sus padres no le quieren, no le aceptan como es. O que no le transmitan el permiso vital básico para construir su propia vida, independiente de la de ellos. Si…todos conocemos a padres que buscan retener a sus hijos a su lado una vez crecen, manipulándoles a través de la culpa y cortando sus alas, hasta hacer de ellos seres débiles, infantilizados y dependientes.  A veces me pregunto porqué no los disecan y los colocan en un rincón del salón…

 

Educarme es uno de los mayores actos de amor que puedes ofrecerme;  implica priorizar mis posibilidades y mi bienestar por encima de tus deseos. Hay que saber amar muy bien y ser muy valiente para conseguirlo. Ese es en el fondo, el verdadero sentido de educar.

 

Por eso, hoy te lanzo esta petición: ¡edúcame!. Edúcame para la posibilidad. Edúcame para la abundancia. Para la libertad. Edúcame para el amor, para la generosidad. Edúcame para la curiosidad y la alegría. Edúcame para ser una buena persona, para ser responsable y comprometido en sociedad. Edúcame para que me haga grande, brillante, consciente de mi propia valía, respetuoso de la valía de los demás. Edúcame para que pueda revertir en el mundo todo lo que yo lleve en el corazón. Porque al final, sólo podemos dar aquello que nosotros tenemos dentro.

 

Edúcame en la aceptación y la libertad, dándome permiso para construir mi propia vida.

Edúcame en la aceptación y la libertad, dándome permiso para construir mi propia vida.

 

No me vivas como una más de tus posesiones. Dame lo que de verdad necesito: amor incondicional, afecto y libertad para que llegue a convertirme en quien estoy llamado a ser.  No me pongas todo tipo de límites y condiciones para quererme. No me inculques  creencias, normas y valores que me marquen cómo debo ser para que me aceptes. No me digas  como debo vivir. No me hagas sentirme querido sólo cuando cumplo con tus expectativas….Olvídate de frases como  “tu serás abogado como tu madre”,  “ un hijo mío no llora” o “ una hija mía nunca se portaría así”. No me hagas convertirme en el adulto que has decidido de antemano que tengo que ser para gustarte.

 

Porque eso no es educar, es condicionar. Y no es que no me quieras si me haces eso. Pero me quieres mal. Porque un querer en el que no hay libertad para el otro, en el que no hay aceptación y en el que tus deseos están por delante de mis necesidades es un querer viciado. Un amor tóxico y discapacitante.

 

No. Eso no es educar. Y eso no es amar. Eso es amar equivocadamente. Y si es así como tú vas a quererme, casi prefiero que no me quieras, porque me harás mucho daño sin que lo sepas y en vez de arrastrarme hacia la luz, me arrastrarás hacia las sombras.

 

Por eso te pido que si no pensaste antes de traerme al mundo en cómo querías educarme, lo hagas ahora. Y aunque ya te ocupas por mi educación, te pido que no bajes la guardia. Que no te pierdas en los detalles de las formas; que a veces, los árboles no te dejan ver el bosque. Llévame siempre en la dirección de la luz.

Fórmate e infórmate, porque educar bien es de lo más grande que hay. Y así  podrás llegar a darme, además de la educación que sabes,  la mejor educación que me puedas llegar a dar.

 

Recuérdalo: educar no es condicionar, no es forzar, no es limitar. No hay buena educación donde no hay aceptación ni libertad para mi.

 

Y amar bien implica el deseo de saber amar cada día mejor.

 

 Y tu: ¿ cómo educas?

¿ como quieres educar? 

¡Hasta pronto!

 Si te interesa este tema y quieres profundizar en él te recomiendo el libro “Amame para que me pueda ir” de Jaume Soler. Un libro maravilloso para aprender a acompañar a los hijos en el arte de convertirse en personas.

Y si eres de los que te gusta aprender experimentando, como a los niños, anímate a venir al taller  “Crianza en armonía: confianza, autoridad y autonomía” que imparto en Donostia el próximo mes de Febrero

 

 

¡Hola! Soy María Díez Coach y con mi blog ofrezco un espacio de encuentro , reflexión vital  y aprendizaje para personas comprometidas con su superación personal, familiar y laboral.

En él encontraras herramientas de inteligencia emocional para transformar los obstáculos  cotidianos  en retos y construirte una vida equilibrada y armónica, llena de fuerza, confianza y pasión. Una vida  a tu medida, que sientas que merece la pena vivir.

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“Cuando tenga hijos nunca les diré esto”

Educar a nuestros hijos es uno de los compromisos más exigentes que vamos a asumir en la vida.

Educar a nuestros hijos es uno de los compromisos más exigentes que vamos a asumir en la vida.

 

Kaixo gurasoak! ¡Hola papá! ¡Hola mamá!

 

Os hablaba en mi primera carta de cómo educar hijos es el compromiso más exigente que podéis asumir en la vida. Pocos acontecimientos suponen un punto de inflexión tan radical en nuestras vidas como empezar a ejercer de padres. Y una vez que nos adentramos en esa aventura ¡no hay marcha atrás!

 

Sin embargo, ese es precisamente el rol para el que nadie ni nada nos prepara. ¿Qué ironía verdad? Por eso, hoy quiero hablaros de cómo traer la consciencia a la educación, algo esencial si queréis criar hijos sanos emocionalmente, libres e independientes.

 

Por si no los sabíais, os diré que los seres humanos, por defecto, tendemos a repetir patrones. Por eso, cuando tenemos hijos, repetimos las palabras, los gestos y las actitudes que vimos en nuestros propios padres. Reproducimos inconscientemente, la relación que ellos tuvieron con nosotros. 

 

Cuando hemos tenido un modelo de padres que nos gustó, nos suele parecer suficiente. Pero no lo es, porque la vida ha cambiado tanto que resulta casi imposible educar con las referencias de entonces a los hijos. Basta con mirar  a las circunstancias que vivieron vuestros propios padres y  compararlas con las nuestras para entender lo complejo de la situación. Y todavía resulta más difícil si no vivimos  un modelo satisfactorio de relación con los padres. En estos casos hay dos opciones: por una parte, como el ser humano actúa en movimiento pendular, lo más habitual es  que nos vayamos al extremo opuesto de lo que recibimos para expresar nuestro rechazo. De ahí que los que han sido educados en modelos muy autoritarios tiendan a educar en la permisividad excesiva. La otra opción es  quedemos anclados repitiendo de forma inconsciente el patrón recibido.De ahí que tantas veces te encuentres pensando “esto no es lo que yo quería /pensaba o deseaba para la relación con mi hijo” o “me parece estar escuchando a mi madre/ padre cuando hablo así”

 

Y así,  muchas veces nos encontramos haciendo frente a situaciones de mucho calado vital sin apenas referencias ni recursos.  Y más si sobrellevamos la crianza de nuestros hijos sin el apoyo de una pareja.

 

La educación afectiva de un niño marcará su vida como adulto.

La educación afectiva de un niño marcará su vida como adulto.

 

¿Qué podemos hacer en estas circunstancias? ¿Cómo podemos “descodificarnos” y romper esa ejecución mecánica de la paternidad/maternidad? ¿Cómo pasaremos de ser padres “sin consciencia” a ser padres conscientes y podremos atender las necesidades emocionales y afectivas de nuestros hijos con éxito?

 

Para que lo sepas, el camino empieza en ti; no hay otra vía que echarte primero un vistazo a ti mismo/a. Aunque nos cueste creerlo,  todo empieza por uno mismo: para poder ser un buen/a padre/madre, debes contar primero con la capacidad de disfrutar tu mismo/a de una vida equilibrada y plena. Porque antes de dedicarte a atender emocionalmente a tus hijos, hay unos mínimos que necesitas haber atendido en relación a ti. Sólo así podrás asumir tu nuevo rol de forma madura y responsable.

 

A partir de ahí, el siguiente paso, será empezar a hacerte preguntas tales como:  “¿qué significa/implica/ conlleva para mí criar y educar un hijo? ¿ En qué consiste? ¿Qué quiero darle? ¿Con qué quiero ver dotados a mis hijos una vez les toque separarse de mi? “

 

Es curioso como a pesar de que el ser padres resulta uno de los mayores milagros biológicos y uno de los dones más preciados de nuestra existencia, muy pocas personas le han dedicado un cierto esfuerzo a plantearse cuestiones tan esenciales como esas antes de traer un hijo/a al mundo.

 

Paternidad/maternidad consciente se refiere a haber reflexionado  sobre cómo queremos educar a los hijos y haber elegido el modelo de madre o padre que quieres ser, sin dejarte arrastrar por lo que va surgiendo en el momento. Supone comprender aspectos como los  valores quieres transmitir a tus hijos y cómo quieres trasmitírselos. Y a partir de ahí, buscar cómo actuar de una forma lo más congruente posible.

 

Recuerda: asumir el rol de madre/padre de forma madura y responsable, requiere autoconocimiento y cierto esfuerzo. Nadie nace sabiendo. Pero puedes esforzarte y mejorar aprendiendo.

 

Y tú: ¿qué esperas para ponerte a ello?

 

 

Que disfrutes un gran día.

 

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Mis (invisibles) regalos de Reyes

¿ Consiste acaso la magia de los Reyes sólo en recibir regalos tangibles?

¿ Consiste acaso la magia de los Reyes sólo en recibir regalos tangibles?

 

No recuerdo cuantos años han pasado desde que dejé de poner mi zapato para los Reyes. Para mi disgusto, en mi casa la Navidad terminó rápido, demasiado rápido. La alegría que debieran habernos aportado estas fechas, fue pronto sustituida por unas celebraciones que bien podrían asemejarse a un cuadro de Hopper o Munch, donde habitan personajes encerrados en sus propios silencios,  intentando encontrarse desde una ilusión de celebración hueca y triste,  propia de quienes guardan dentro demasiadas ausencias y dolores sin expresar.

 

Sin embargo, durante los últimos años y quizás como rebeldía ante esa falta esperanza y esa perdida de la magia,  sí que recuperé la ilusión de escribir una carta a los Reyes Magos la noche del 5. Sabedora de que los Reyes no pasarían por una casa donde no había zapatos preparados ni comida para los camellos, al menos pedía para mí y  para los que me rodeaban todo tipo de regalos no materiales, ya que materiales, nos sobran. A la siguiente Navidad, recuperaba algunas de esas misivas y volvía a releerlas, buscando si alguno de aquellos deseos se había cumplido.  Y será porque no enviaba las cartas (aunque yo esperaba que los Reyes supieran leer mi corazón sin necesidad de hacerles llegar la misiva)  o vete a saber por qué.Pero nada de cuanto pedí  tomó forma en el transcurso de los años.

 

Por eso, este es el primer año que ni siquiera he escrito ya la carta. Después de la cabalgata me lleve a mi madre a pasear y ver las luces de Navidad, que todavía no había visto, y tan sólo me he ocupado de que los Reyes me dejasen algunos regalos materiales para mis sobrinos que viven en Navarra, con quienes íbamos a pasar hoy el día. Y se han portado bien. Se ve que no les importa tanto desilusionar a un adulto, pero jamás desilusionarán a un niño.

 

Así que una vez más, me ha tocado conducir por mi adorada autovía A15 camino a Navarra. Algo que como ya sabéis los lectores de este blog, es uno de mis máximos placeres. Y según conducía (y tal y como me sobrevienen a mi estas cosas) he caído en la cuenta de mi lamentable error al pensar que mis zapatos nunca se llenan de regalos.

 

Sin saber muy bien por qué, mi mente viajera al conducir,  me ha llevado a esas hileras de refugiados caminando por los campos de Europa huyendo de la guerra que todavía nos golpean desde las pantallas planas de última generación.  Es esa una imagen que no me sacudo del todo de las retinas. De hecho,  esa imagen de pesadilla ha habitado en mí desde que estudié la Segunda Guerra Mundial en el colegio y vi una foto similar en mi libro de texto. Mas tarde, se reforzó por algunas lecturas que narraban las vivencias de quienes vivieron esa guerra y los documentales.  Y desde aquello años de juventud,  ha continuado almacenada en mi memoria, alimentando uno de mis miedos más secretos: encontrarme en esa situación,  con mi madre mayor o mis hijos, huyendo de la guerra por las carreteras, con lo poco que hayas podido cargar en una maleta. Dejando todo atrás: casa, colegio, ciudad, idioma, dinero, amigos y familia.

 

 

Y al volverme hoy a la mente, reavivada por esas escenas que por desgracia ya se nos han convertido en habituales, he SENTIDO como los Reyes Magos llenan mis zapatos, no sólo el 6 de Enero, sino todos y cada uno de los días del año.

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Porque a mi lado llevaba mi madre dormitando a sus 81 años, tranquila, abrigada y protegida,  a pasar el día de Reyes con sus nietos. Porque mis sobrinos tienen una casa y un hogar y educación y salud y la posibilidad de vivir la magia de una noche como la de Reyes. Y no caminan en medio de los campos, con frío, salvando alambradas o jugándose la vida en pateras cruzando el Mediterráneo. Ni están en ninguna otra situación de penuria, como sufren tantos y tantos niños. Y no tan lejos de nosotros, pero sí lejos de la mayor parte de nuestras realidades.  Y todos gozamos de una salud excelente. Y porque yo tengo un trabajo, fortaleza emocional y amor suficiente para ser el pilar afectivo de muchas personas, aunque ello suponga por momentos, renuncias y esfuerzos.

 

Si, muchas veces, cuado he visto esas filas de refugiados, lo he pensado. Y me he sentido desgarrada por su tragedia. Y me he dicho “qué suerte tenemos los que no nos toca esto”. Pero era una idea en mi cabeza, en mi intelecto. No era comparable a la experiencia de alegría y calidez que he VIVENCIADO hoy al SENTIR una inmensa GRATITUD por cuanto poseo.

 

E igual que caen las cuentas de un collar cuyo hilo se ha roto, así se han ido soltando uno tras otro todos los regalos con que me obsequia cada día, cada segundo, cada minuto, la vida. Y por los que olvido sentirme infinitamente agradecida y confiada: la educación que he recibido, los amigos maravillosos que tengo, mi “imperfecta” pero adorada familia, mi desquiciante trabajo, las mil oportunidades que encuentro para crecer y superarme como persona, la ilusión de poder luchar por un porvenir aún mejor que este presente que ya es fantástico, aunque en mi casa no se pongan ya zapatos. Y tantos y tantos regalos más por los que me olvido demasiado a menudo de dar las gracias, dejándome arrastra por la vorágine y por clichés de felicidad vacíos que no responden para nada a las verdaderas necesidades humanas.

 

Al poco, mi madre se ha despertado y mirando el paisaje, con las cumbres de las Malloas de la sierra de Aralar azucaradas por las primeras nieves y los prados intensamente verdes cuajados de caseríos a sus pies, ha exclamado: “verdaderamente, es un lujo poder ir por esta autovía.” Algo sorprendente, porque mi madre es muy reservada y cuando se permite expresa alguna emoción, suelen ser quejas o tristezas. Así que algo del espíritu de la Navidad que me ha habitaba de le ha debido de contagiar.

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Y ya en Navarra “¡oh sorpresa”. Por primera vez en años he descubierto de nuevo algo parecido a la felicidad en mi hermano mayor. Algo que yo no le había visto, salvo en su boda y cuando el nacimiento de su primer hijo.  Por supuesto, no ha parado de protestar respecto al trabajo que da tener 3 hijos y lo “mal que se portan” y bla, bla, bla. Pero detrás de esas lamentaciones que le he escuchado mil veces, hoy no había agobio ni irritación. Sino que eran un defectuoso mensaje de felicidad y satisfacción.  E incluso le he visto prodigar muestras de cariño a mi cuñada, cuando es muy parco en efusividades en público.

 

Supongo que está ya más relajado y menos agobiado ahora que los niños van siendo un poquito más mayores, o quizás que como ha mi, a él también le han traído los Reyes una dosis de consciencia en forma de agradecimiento a todo lo que tiene y le han hecho entender que sin duda estamos en una de las mejores etapas de su vida. En cualquier caso, he visto un matrimonio unido y feliz con su familia, que es mucho más de lo que esperaba. Porque en nuestra casa, lo que siempre se ha llevado es “ser agonías”. Usar un mensaje “defectuoso” para expresar “por muy autónomo, capaz y responsable que sea, yo también soy vulnerable, muchas veces me siento cansado y triste y no me entiendo ni yo mismo y  necesito atención y cariño aunque yo mismo ni me lo permita sentir”.

 

Imagino que si hoy he podido sentir ese invisible “decodificador” de las emociones ocultas en esas protestas, es porque ya estoy madura para usarlo. Entiendo que estoy en una nueva etapa donde soy capaz de estar en relación desde el corazón. No desde mi cabeza, movida por ideas rígidas sobre lo que me gustaría que los demás fueran.

 

Por fin acepto lo que hay y lo que me ha tocado y lo amo.  Por fin soy capaz de redefinir cada encuentro, sin prejuicios y aceptar la “imperfecta” humanidad de los demás, igual que acepto mi “imperfecta” humanidad. Quizás porque antes  he aprendido a saber donde quiero que esté cada persona respecto a mi, qué espacio quiero que ocupe y cómo poner límites sin que marcarlos me cree un conflicto. Y porque he aprendido primero qué espacio quiero ocupar yo misma.

 

Por supuesto, mis sobrinos tan ideales como siempre y juntos nos lo hemos pasado bomba. La maravilla de rodearte de pequeños es que siempre nos regalan la posibilidad de conectarnos con lo que de niños queda en nosotros y  disfrutar sin límites, desde esa pureza y esa inocencia que se asombra con el mundo y cuanto ocurre a su alrededor.

 

Y yo, que pensaba que los Reyes no se acordaban nunca de mi, no puedo borrar la sonrisa de mi rostro, de entender todos los regalos acumulados durante años y que de pronto, me han llegado en este día. Y entiendo que los Reyes nunca nos desilusionan, sino que somos nosotros, con nuestra falta de gratitud y la mirada exigente y errónea sobre la vida, quienes acabamos por desilusionarnos.

 

Y a ti: ¿ qué te han traído los Reyes Magos?

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